La historia
El campeón
se viste de negro.
Rabanne tomó su trofeo más famoso y lo fundió en lava: el Elixir es Invictus sin frenos, hecho para noches donde no se compite — se gana.
«Proyecta victoria a metros de distancia.»
Abre fresco-especiado apenas un instante; enseguida el incienso y la vainilla ahumada toman el control y no lo sueltan en todo el día. Una bestia moderna.